La definición de
puntillismo es de una simpleza apabullante: pintar empleando puntos de color.
Pero el nacimiento y posterior impacto de esta técnica dista de ser sencillo y
refleja el espíritu de un periodo clave en el arte mundial: el post
impresionismo.
Hacia finales del
siglo XVIII, con el triunfo de la Revolución Francesa, los nuevos ideales
republicanos se encarnaron en la pintura académica que favorecía las escenas de
grandilocuencia histórica, las gamas cromáticas conservadoras y las
composiciones escrupulosamente equilibradas. El realismo pictórico resintió la
llegada de la fotografía a mediados del siglo XIX, pero el máximo cisma vino
con el impresionismo, que renunció a las grandes alegorías y salió al aire
libre a capturar la atmósfera del campo y las ciudades, dando primacía a la
pincelada rápida y los colores vibrantes aplicados en segmentos que
privilegiaban un efecto óptico general más que una atención minuciosa al
detalle. De esta primera generación de artistas se puede mencionar a Monet,
Renoir y Manet.
Sin embargo el
impresionismo, como teoría de la percepción, pronto reveló sus limitaciones y
varios autores comenzaron a explorar a nivel más profundo la naturaleza del
color. Esto implicó abandonar la institución a favor de un enfoque más
analítico. En este punto entró a escena el trabajo del químico Michel Eugene
Chevreul, que hacia 1840 expuso el efecto de contraste simultáneo que ocurre
cuando un segmento claro junto a otro oscuro aparece más claro de lo que en
realidad es y viceversa.
Las investigaciones
de Chevreul, Ogden Rood y los experimentos sobre óptica y percepción del color
de Hermann von Helmholtz tuvieron un fuerte impacto sobre un sector de la
comunidad artística.
Se gestó entonces una corriente que apelaría a
la racionalidad y la ciencia como parte central del arte, en contraste con la
aproximación lírica propia del impresionismo. Comenzó una disputa que
enriquecería sobremanera el ambiente creativo del siglo XIX. Entre quienes
explorarían tal veta, un joven pintor se reveló como el revolucionario que
daría forma a este nuevo movimiento: Georges Seurat.
PIONERO DEL COLOR
Nacido en una
familia acomodada de París en 1859, Georges Seurat tuvo un breve paso por la
escuela de Bellas Artes y para 1880 se había puesto su primera tarea: dominar
el dibujo en blanco y negro. Sus creaciones en carbón aprovecharon la textura
del papel para dar una sensación etérea y volumétrica, siendo su inicial y
notable aportación al mundo del arte. A los 24 años realizó su primer cuadro
importante, Un baño en Asnieres, el cual le tomó 12 meses preparar y en donde
mezcló influencias de antiguos frescos italianos con un estilo impresionista,
además de integrar los resultados de sus indagaciones cromáticas desde una
perspectiva científica. Si bien no es una obra puntillista apunta ya a esta
tendencia.
Es sorprendente
pensar que Seurat sólo tendría siete años más de vida y que -al igual que Van
Gogh- su paso por el arte sería fugaz pero decisivo. Cuando su producción fue
rechazada por el Salón de Arte de París, se unió al grupo de artistas
independientes y en él conoció a Paul Signac, con quien compartió sus
conocimientos sobre el color y comenzó una fructífera colaboración que
desembocaría en el perfeccionamiento del puntillismo.
¿Sabías que el color verde es tóxico y no ecológico?
El color
verde es usado como emblema de la ecología. De hecho son
muchos los productos y articulos que presumen ser ecológicos utilizan el color
verde para resaltar su amabilidad con el medio ambiente. Sin embargo un informe
que hace el químico alemán Michael Braungart a The New York Times explica
que teñir el plástico de verde o imprimir tinta verde sobre papel es
inevitablemente contaminante.
file:///C:/Users/Denisse%20Montserrat/Documents/Color%20y%20puntillismo.pdf


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